Tras la sorpresa inicial de ambos que nunca imaginaron que aquel compañero de rodaje fuese aquel amigo de la infancia con quien compartieron tantas cosas, Peter y Tracey se saludan con un sentido abrazo.
Abrazo que les provoca sensaciones intensas, muy similares a aquellas que sentían el uno por el otro durante su ya lejana adolescencia.
Desde que se vieron en el rodaje de aquella película, algo sintieron. Si bien físicamente no se reconocieron, sus almas de alguna manera sí, atrayéndose la una a la otra de manera irremediable.
Esos dos niños cuyas vidas ya estaban destinadas a cruzarse, incluso antes de nacer por la amistad de sus padres.
Vidas unidas en la tragedia por culpa del mismo criminal y sus secuaces que les arrebataron las vidas a sus padres de manera cruel dejándolos huérfanos siendo muy pequeños.
Vidas unidas por el amor. Amor que sienten desde que con la adolescencia dejaron de ser niños poco a poco, para convertirse en adultos jóvenes.
Luego es el abuelo de Peter, quien, derrumbado por completo, abraza a la hija de su mejor amiga en los últimos años y lloran.
Tras las palabras del religioso, vietnamita al igual que la fallecida, Tracey y sus amigos, se despiden por última vez de la Chon- lee -wuam, depositando sobre su ataúd, flores blancas.
La última en depositar una flor es Tracey, que besa una rosa blanca muy emocionada y la coloca con gran amor sobre la caja que guardará los restos mortales de su progenitora por toda la eternidad.
Junto a ella, Grace, la enfermera que Tracey contrató para atenderla en sus últimos días, no se separa de ella. Durante los días que cuidó de la enferma madre de Tracey, le tomó gran afecto.
Aquella era una mujer no demasiado mayor, que estaba muy enferma y aunque lo que padecía la había consumido mucho, era evidente que en su juventud y cuando estaba sana, había sido una mujer hermosa. Aún quedaba algún rastro en ella de esa belleza.
¡Malditas enfermedades!
Destruyen, no sólo la salud de quien tiene la desgracia de padecerla, además hacen mella en su aspecto, a veces de tal manera que los consumen y desfiguran.
Y no solo consumen al enfermo. Algunas de ellas, de especial crueldad, también consumen a los cuidadores de dichos enfermos, familiares en su mayoría, tanto de manera física como psicológica.
El ataúd que porta los restos de la mujer que crió a Tracey desciende poco a poco al interior de la tierra. Al lado de Tracey, sin que ella lo sepa, el espíritu de su madre biológica, Janet, la mira con amor, mientras observa el cuerpo de su amiga, de su hermana, perderse en el interior de la tierra. También observa al abuelo de Peter, a quien reconoce enseguida.
Junto a él hay un joven vietnamita, muy guapo, de cabello negro algo más largo de los hombros. A Janet le cuesta reconocer al muchacho, pero enseguida intuye de la quien se trata y le sonríe. Debe ser Peter, el hijo de sus amigos y los de Harry, aquellos que fueron asesinados por Johnny La Serpiente, la misma noche que ella.
Siempre fue el único amigo de su hija Tracey. Siempre se quisieron mucho, pasaban todo el día juntos, jugaban los dos solos. Siempre.
Los años han pasado y se han vuelto a reencontrar de manera casual.
La madre biológica de Tracey, siempre, desde el otro lado, ha estado pendiente de su hija y de la mujer que se hizo cargo de su cuidado, cuando ella tuvo tan precipitado e injusto final.
Janet conoce a su hija y a Peter. Su amistad y cariño de la niñez, cambió y evolucionó con la llegada de la adolescencia. Puede que ni ellos mismos sean conscientes de lo que sienten el uno por el otro. Es algo que trasciende mucho más allá de la atracción física. Además en algún momento tendrán que unirse para hacer justicia con Johnny La Serpiente.
Solo así, esas tres almas que dejaron sus cuerpos aquella fatídica noche de hace más de veinte años, podrán descansar en paz, ya que desde lo acontecido aquel aciago día, no lo hacen.
El abuelo de Peter, no tarda en descubrir el fantasma de Janet y se sorprende.
Su nieto que también puede verla desea saber la identidad de esa aparición que permanece junto a Tracey.
—Es la madre de Tracey. La mujer que la trajo al mundo.—Chon-Lee, la crió desde que...—recuerda el anciano, mientras sus viejos y gastados ojos se llenan de lágrimas.
—¿Estás bien, abuelo? —se preocupa Peter poniendo sus manos sobre los hombros de su abuelo.
—Sí, Peter, no te preocupes. —responde el anciano depositando una de sus manos sobre una de Peter en señal de agradecimiento, mientras observa a Janet, a la que ahora se une la única madre que la joven ha conocido durante la mayor parte de su vida.
El abuelo de Peter, vuelve a emocionarse al ver de nuevo juntas a las dos amigas, las dos hermanas.
Mientras el ataúd de la mujer termina de descender al interior de la tierra, Peter y Tracey se miran en silencio.
Chon-Lee-Wuam observa sus restos en el interior de la tierra y mira en esa dirección. Luego, ella y Janet besan cada una mejilla de Tracey. La muchacha siente un ligero escalofrío en ellas
Instantes más tarde las dos almas se toman de la mano y se alejan en dirección a un árbol lejano. Allí las espera una pareja, pareja que el abuelo de Peter reconoce enseguida y que arranca más lágrimas de sus ojos.
—Aquellos...aquellos son tus padres, Peter.
El muchacho mira en esa dirección y en esta
ocasión, es él quien derrama unas lágrimas.
Ambos los sonríen a los dos.
Luego los cuatro, levantan sus manos en señal de despedida, mientras observan a sus familiares e instantes más tarde se diluyen en el aire.
Minutos después es Grace quien descubre el espíritu de su marido observarla. La mujer no puede reprimir la emoción y sus ojos se llenan de lágrimas. Siente deseos de correr hacia él y abrazarle, pero está en el entierro de la madre de la mujer que la contrató.
¿Pero qué está diciendo? ¿Abrazar a una aparición, algo sin cuerpo?
Grace niega con la cabeza y cierra los ojos. Cuando los vuelve a abrir, el fantasma ha desaparecido.
Lejos de allí, uno de los policías que investigaban los negocios de Johnny La Serpiente, aparece asesinado en una calle del barrio chino, con tiro en la frente. En cuanto un grupo de policías se acerca al lugar y descubre sus restos mortales enseguida saben que es un asesinato. Más bien una ejecución.
—Con toda seguridad se trate de algún tipo de ajustes de cuentas realizado por algún grupo de la Mafia China que tanto abundan aquí. —asegura uno de los agentes con desprecio.
Sin embargo sus compañeros no están del todo convencidos de ellos. La forma en la que se le disparó, es propia de policías.
Lejos de allí, Robert, sigue aumentando su escala de violencia. A pesar de saber que la policía está investigando el asesinato de la prostituta que él mató y podrían descubrirlo tarde o temprano, el actor no puede parar. Además ha descubierto que acabar con la vida de una prostituta, le excita mucho sexualmente. De modo que se aleja de la zona en la que trabajaba la chica que mató, en busca de otra chica de la misma profesión con la que desahogar su furia sexual. Después de un rato de pasión sin freno, el actor deposita sus grandes manos sobre el cuello de la joven de veinte años y aprieta con fuerza hasta que la vida abandona el cuerpo de la muchacha.
En su despacho, Johnny La Serpiente, recibe una llamada de teléfono.
—Ya está. —le dice su interlocutor.
—Excelente. —responde el militar.
El vietnamita sonríe satisfecho y corta la llamada minutos después.
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