El detective no entiende el idioma del hombre y el investigador privado masculla algo en inglés.
El vietnamita vuelve a decir algo.
—¿Quién es usted y qué hace en mi casa? —repite el hombre de ojos rasgados alto y de complexión de muy delgada de unos cincuenta años con alguna que otra cana cruzando por su cabello y arrugas ya un tanto profundas rodeando sus ojos.
–¿Habla usted mi idioma? —le pregunta el detective cuando el vietnamita se dirige a él en inglés.
—No. Le hablé en inglés por casualidad porque soy así de listo. —responde en torno burlón el oriundo de Vietnam. —¡Pues claro que sé hablar inglés! Es algo evidente. ¿Y ahora me va a decir qué demonios busca usted en MI CASA. —repite el vietnamita pronunciando en voz alta las palabras MÍ CASA.
—Estoy buscando a alguien.
El detective le dice a quien busca.
—¿Por qué y para qué la busca? —pregunta el oriental desconfiando de él.
—Eso no se lo puedo decir. —se sincera el investigador.
—Pierde su tiempo. Esa mujer no está aquí hace ya mucho tiempo.
—¿Y dónde está? —desea saber aquel que investiga el paradero.
—No lo sé. Cuando llegué a vivir a este lugar llevaba años abandonado. Ahora marchése. —le exige el asiático.
El investigador se marcha de allí sin la información que pretendía conseguir. Sin duda la persona que le encargó averiguar el paradero de esa mujer se va a cabrear y mucho.
El hombre aceptó el encargo porque le pagarán muy bien, pero de no ser así no hubiera accedido a llevar el caso. Su olfato de detective le alertó en cuanto le vio de la peligrosidad del individuo que le ha contrató para buscar a la tal Grace. De nuevo su olfato como averiguador le puso sobre aviso, ese hombre no debe tener muy buenas intenciones con respeto a la persona que desea encontrar.
Aunque en apariencia es un hombre de reputación intachable y fama de hombre bondadoso, en sus ojos y en su semblante hay una gran frialdad con destellos de maldad.
El detective que gracias a su trabajo tiene un sexto sentido para conocer lo que en realidad se esconde tras una fachada de dulzura y amabilidad sintió como se erizaba su piel desde el momento en el que sus ojos se cruzaron con los de Johnny La Serpiente.
En Estados Unidos mientras tanto el militar vietnamita espera noticias sobre el trabajo que le encargó al detective privado. Johnny La Serpiente, que siempre viste de blanco, acaricia su enorme sello de oro macizo con una serpiente grabada. No ve la hora de tener frente a él a Grace.
Aunque la violó para obligarla a hablar y confesar donde había escondido los documentos que prueban sus numerosos delitos el maldito de su marido, aún no ha podido olvidar ese momento.
Quería verla sufrir haciendo eso pero desde que llegó a Estados Unidos no ha parado de recordar ese instante y ha comenzado a obsesionarse con ella. Con tenerla.
Después de todo era una mujer hermosa.
En Vietnam, el investigador intenta encontrar a un par de vietnamitas que hablen inglés o al menos algún estadounidense que esté en el país pero hasta el momento nada ha conseguido.
En Estados Unidos, las pesquisas policiales siguen en torno al asesinato del director de la película y al asesinato perpetrado en la escuela de Artes Marciales.
Aunque a simple vista parecen dos asesinatos más de lo que los muchos que se suelen cometer en Estados Unidos en determinadas épocas los inspectores no están tan convencidos de ello.
En realidad entre ambos crímenes existen similitudes, cosas en común. Los dos casos están relacionados de alguna forma con las Artes Marciales.
La víctima de la escuela de Harry estaba relacionada con dicho mundo. De hecho formaba parte de la escuela de Artes Marciales de Harry como alumno. Y el director estaba rodando una película con las Artes Marciales como fondo.
Una cinta para la que se documentó e investigó en profundidad a diferencia de otros directores de cine que cuando hacen una película sobre el mismo tema apenas se toman la molestia de investigar. Recurren a tópicos, los extras y protagonistas que contratan no son profesionales, simplemente se les enseñan unos cuantos movimientos, los que sean necesarios en cada toma y ya está.
En cambio el finado director era todo lo contrario. Profesional, meticuloso. Contrataba a los mejores profesionales. No se movía por tópicos.
No todos los orientales o que tienen los ojos achinados saben Artes Marciales.
En realidad hay menos asiáticos y orientales expertos en Artes Marciales de lo que parece.
Y es que...
No todos los asiáticos saben Artes Marciales
No todas las rubias son tontas
No todos los latinos saben bailar salsa
No todos los españoles aman las corridas de toros
No todos los blancos son decentes
No todos los negros son delincuentes, ni bailan bien
No todos los abogados, jueces y fiscales son honestos
No todos los periodistas dicen la verdad al dar una información.
Y por último no todo el que acusa a alguien de un delito dice la verdad así como no todo el que es acusado de un delito es culpable.
Así un largo etcétera.
Por desgracia la gente muchas veces no ve más allá de sus propias narices y cree todo lo que ven, leen o les cuentan.
El director de la película estaba muy bien considerado en el mundillo artístico. Era muy apreciado y no tenía enemigos. Era una buena persona, por eso nadie entiende que alguien pueda haber acabado con su vida de manera tan cruel.
Aunque sus maneras de morir han sido distintas ambas tienen algo más en común ; la herida mortal ha sido en el corazón.
Aunque el crimen del director de cine ha sido más sanguinario ya que en su cuerpo hay varios impactos de bala, la herida en el pecho de ambos fue la que originó el fallecimiento tanto del uno como del otro.
Por otros rumbos el compañero del policía asesinado sigue investigando en secreto el asesinato de su amigo. No le informa a nadie de lo que está haciendo para no poner sobre aviso al ejecutor de su amigo.
Porque la muerte de su amigo fue una ejecución en realidad.
El agente decide no confiar en nadie hasta que identifique a su asesino y lo ponga a buen recaudo. Además necesita cerciorarse si lo que su instinto le alertó sobre Johnny La Serpiente es cierto.
Poco a poco se está aproximando a la verdad y es consciente también que se está poniendo en grave peligro. Por eso toma sus propias medidas de seguridad y prevención.
Hará lo que sea necesario para protegerse a él mismo, a su familia y hacer justicia.
En Vietnam, el detective al fin logra encontrar a alguien que puede ayudarle en su investigación. Un individuo británico casado con una vietnamita.
A pesar de las reticencias de la familia de su esposa para que con él dado que era un extranjero, finalmente accedieron a la boda. Se casaron y durante unos años habitaron en la patria de ella con su familia hasta que un día decidieron mudarse a Londres donde les esperaba un mejor nivel de vida y futuro.
El inglés confesó a su familia política que tratarían de ir de vacaciones a Vietnam todos los años. El esposo de su hija les dijo que haría todo lo posible para viajar todos los años allí, pero que tal vez en alguna ocasión no podrían aunque no obstante haría todo lo que estuviese en su mano, pero no les aseguró ni prometió nada.
Aprendió de sus padres a no hacer promesas, ni asegurar cosas que no podría cumplir.
El europeo le confiesa que su esposa sí conocía a la mujer que el detective desea encontrar. De hecho eran amigas.
El hombre traduce al investigador todo lo que su esposa le dice.
—Era una buena persona que sufrió mucho tras la muerte de su marido que trabajaba para un mal hombre. Pero al menos él le dejó el mejor de los regalos antes de morir, aunque nunca llegó a conocer al hijo que ambos estaban esperando. Poco después se marchó de aquí y nunca mas se supo de ella, ni de su hijo.
Al escuchar la confesión del hombre se queda sin palabras.
«¿Donde habría podido ir una mujer embarazada sin dejar rastro?» piensa el detective.
Mientras está con Peter en la playa, a la memoria de Tracey comienzan a llegar imágenes, como flashes que ella no entiende.
En una de ellas ve a una niña pequeña muy parecida a ella corriendo con un anciano y un niño de rasgos asiáticos.
En otra ve a esa misma niña que parece ser ella de nuevo con el mismo anciano y el niño de la imagen anterior practicado unos movimientos de Artes Marciales.
Al verla tan silenciosa y quieta Peter se preocupa.
—¿Estás bien?
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