sábado, 18 de enero de 2020

CAPÍTULO 8

Peter se despierta sobresaltado de ese sueño  al igual que Tracey.

El joven experto en Artes Marciales, se levanta, se dirige hacia el baño abre el grifo y moja su rostro con agua fría.

Su abuelo siempre le ha enseñado a no tener miedo de sus sueños, pues estos siempre son cosas vividas durante el día en forma de película.  

No siempre tienen el significado que parece a simple vista. Otros en cambio son premonitorios.

Su abuelo siempre le ha enseñado a no temer a sus sueños, sino a tratar de descifrar lo que quieren decir.

El anciano le ha mostrado técnicas para recordar sus sueños, aquellos que a veces es fácil olvidar.

El joven regresa a su cama, confiando en esta ocasión tener un sueño menos estresante que el anterior.

Cuando amanezca y despierte analizará su sueño.

En su cama, Grace es incapaz de conciliar el sueño.

Cada vez que recuerda que ese mismo día hace unas horas, vió a ese hombre...
Solo con pensar en ello todo su cuerpo tiembla de miedo.

Ese sujeto es su peor pesadilla. 

Nunca ha podido olvidar ese día, hace años en el que él abuso de ella sexualmente.
Fruto de ese abuso, nacieron dos hijos. Dos hijos que no conoce y que lleva buscando toda la vida.

Ese criminal es el mismísimo diablo. Su mirada es pura maldad.
Ignora que dejó embarazada a Grace aquel día.

Aunque conociéndole, sí le supiera tampoco le importaría mucho. Los utilizaría en su propio beneficio. De eso está convencida.

Cada vez que la mujer cierra los ojos para tratar de dormir, los ojos de su torturador la asaltan impidiéndoselo.

Lejos de allí, Robert, vuelve a gozar de los servicios de una prostituta. Y como siempre desahoga toda la rabia y furia que siente hacia Peter con ella.

En su lujosa vivienda, Johnny La Serpiente, revisa las cuentas de sus negocios. 
Son varios los que tiene en Estados Unidos.

Todos ellos sirven como tapadera legal para ocultar otros negocios que tiene, pero que mantiene ocultos.

Uno de ellos es el tráfico ilegal de jade, que le proporciona cuantiosos y numerosos dividendos que no hacen más que agrandar su ya más que considerable fortuna.

Ganancias estas que reparte entre varias cuentas corrientes que tiene en los bancos norteamericanos. Y lo hace en cantidades pequeñas, para no levantar sospechas.

Si bien tiene a gran parte de la policía americana sobornada para que no le investiguen y hagan la vista gorda a sus negocios, hay  otra parte, honrada que sospechan de él y están esperando el más mínimo error del antiguo militar para echársele encima y encerrarlo en una cárcel.

«No sabéis a quien pretendéis enfrentaros » piensa el delincuente terminando de revisar las cuentas de sus fructíferos negocios.

Ni se imaginan lo malvado y despiadado que es el vietnamita. Por algo le llaman Johnny La Serpiente.

Cuando amanece al día siguiente Robert intenta despertar a su compañera de cama.

—¡Eh tú! —dice el actor con muy malas maneras.
—¿A qué esperas para levantarte ponerte tu ropa y largarte? Cumpliste con aquello por lo que se te pagó y no muy bien por cierto. —exige él zarandeado a la joven prostituta.

Sin embargo, ella parece profundamente dormida y no puede despertar.

El artista insiste una y otra vez en despertarla, pero no obtiene ningún resultado.
Cuando la toma de las muñecas para sacarla de la cama se da cuenta de algo. La mujer que compartió la cama con él la noche anterior parece que no tiene pulso. Robert le toma el pulso en el cuello con el mismo resultado. El corazón de la prostituta ha dejado de latir. 
La golpeó de manera tan salvaje que le causó la muerte.

Al percatarse que acaba de matar a alguien, el actor golpea la cama con los puños lleno de rabia. No es que le importe mucho esa mujer, total sólo era una prostituta, pero si la prensa se entera, perjudicaría su imagen, por no hablar, claro, que daría con sus huesos en prisión. No está dispuesto a pasar el resto de su vida encerrado por culpa de una...

«Tengo que pensar y rápido. Antes que se descubra.» piensa Robert.

Debe deshacerse del cadáver cuanto antes y largarse de allí lo antes posible.

Peter se levanta de la cama. No ha dormido bien y se le nota en las ojeras que tiene debajo de los ojos. Toda la noche ha tenido sueños bastante extraños.
Todos ellos relacionados con una serpiente y una chica rubia. Sueños bastante perturbadores, en los que además se escuchan detonaciones y se ve sangre.

De pronto Peter se da cuenta.
Esos sueños a buen seguro serán recuerdos dormidos de lo que aconteció años atrás. La noche que sus padres y la madre de Tracey fueron asesinados a sangre fría por culpa de Johnny La Serpiente.

Tracey. Durante años creyó que se había marchado sin darle explicación alguna. Sin importarle lo que él sentía por ella. 

Aunque se lo negó durante mucho tiempo, Peter la amaba ya entonces. Cuando fue creciendo, el cariño de niños se fue convirtiendo en amor de hombre. Quiso olvidarla cuando se dió cuenta que ella se había marchado a otro lugar sin despedirse de él.

Hace poco su abuelo le dijo que estaba muerta. Confiaba en quienes se lo dijeron, aunque nunca le trajeron el colgante que siempre la protegió. La mitad del que él lleva siempre colgado del cuello.

Peter se acaricia el colgante al recordarlo todo.

Pero no estaba muerta. 

Apenas hace unos días, su abuelo descubrió por casualidad que estaba viva.
Su nieto se sorprendió al saberlo. 

Peter creía que había dejado de amar a Tracey, más aún al creerla muerta.

Sin embargo, cuando su abuelo le confesó que estaba viva y que la había tenido frente a él,  todos los recuerdos volvieron a su memoria. 
Algo se removió en su interior. 

En ese momento lo supo. Seguía amando a Tracey como siempre. Como si los años no hubiesen pasado, como si no hubiera estado desaparecida.

Recuerda a esa joven con la que se cruzó en una ocasión por la calle. Se parecía tanto a Tracey, a la Tracey adolescente que él recuerda, pero más, mucho más hermosa.

Tracey se levanta y como cada mañana se dirige a la cama de su madre. Siempre hace lo mismo 
Se levanta, acude a la habitación de Chon lee Wuam, y le da un beso de buenos días. Luego se prepara el desayuno, se da una ducha rápida,  se viste y sale a trabajar.

Al entrar en la habitación de su madre, Tracey sonríe.
Aun duerme.
Se acerca a su cama y besa su mejilla con cariño. Al dejar un beso en la piel de su madre, Tracey nota algo que la alarma. Su madre está fría, demasiado fría.

Asustada, trata de despertar a su madre acariciando su cara, pero ella no reacciona.
Cuando la chica toma el pulso de su madre, descubre que no  tiene. Eso y lo fría que está solo significa una cosa. 

Su madre se ha ido.

Tracey llora. Su madre llevaba tiempo enferma y en los últimos días ya había perdido el habla, pero no creía que fuese a irse tan pronto.

Al sentir el llanto de Tracey, Grace se levanta.
En cuanto se dirige a la habitación y ve a la chica abrazada al cuerpo de su madre llorando la mujer lo comprende todo.

Grace derrama un par de lágrimas. Hace muy poco que las conoce a ambas, pero lo suficiente como para encariñarse con ambas. 
Además como olvidar que Tracey le tendió la mano cuando más lo necesitaba.

Son buena gente.

En su casa, Peter desayuna después de hacer sus katas como acostumbra a hacer mientras recuerda los sueños que desde hace unos días tiene. Son  extraños, demasiado extraños.

El actor hojea un periódico mientras saborea una taza de té de ginseng. 

En la cuarta página algo llama su atención. Un artículo habla sobre un famoso y poderoso empresario afincado en Estados Unidos desde hace unos años. Al parecer es la persona más poderosa e influyente del país. La publicación recuerda sus logros y le ensalza como nunca habían hecho con nadie.

El instinto de Peter que nunca le ha fallado le advierte de algo oscuro en ese hombre tan en apariencia bondadoso, caritativo y triunfador. En su mirada percibe frialdad y maldad. No parece la clase de maravilla que el periódico describe.

Peter sabe que algunas publicaciones de prensa de aquel país, en especial los llamados " tabloides " en  ocasiones se venden al mejor postor para contar cosas fuera de toda realidad si eso les va a reportar pingües beneficios.

Entretanto la policía investiga el asesinato de la mujer que pasó su última noche de su vida.

Para algunas personas, carentes de humanidad y sentimiento, la vida de una mujer que ejerce la profesión más antigua del mundo, no vale nada. Eso incluye, por desgracia algunos agentes de la ley.

Pero los policías tienen la obligación de investigar el caso, dar con el responsable de su muerte para hacerle pagar por eso. Para la mayoría de ellos todas las vidas tienen el mismo valor.

Lejos de allí, Tracey llama a una ambulancia que certificará el fallecimiento de su madre.

Mientras tanto, el fantasma de Chon-lee-wuam llega junto al de la mujer que siempre la ha acompañado en espíritu; la verdadera madre de Tracey. 

—Despídete de Tracey. —le dice la mujer asesinada por Jhonny La Serpiente, tantos años atrás. —Es hora de irnos.

—Nuestra niña se ha quedado sola. Ahora está más en peligro que nunca. Ese hombre no debe andar muy lejos de ella. —se lamenta la madre adoptiva de la joven.

—Ella va a estar bien. Sabrá cuidarse sola. Además nos tiene a nosotras y a su padre que la cuidaremos desde donde estemos.

Chon-lee-wuam se acerca a Tracey y besa su meijlla.

A la joven le cambia el rostro al sentir un ligero frío en su mejilla. Luego es su madre biológica, Janet, quien besa su otra mejilla.

La reacción de la joven se repite por segunda vez.

—Grace, cierre la ventana, siento frío, como una ligera brisa rozando mi mejilla.

La enfermera mira a su alrededor y se sorprende.

—Está todo cerrado señorita. —le explica la mujer.

—Eso no puede...ser —contesta la joven mirando hacia la ventana de la habitación de su madre.

Al percatarse que está cerrada como Grace le aseguró, la joven se sorprende.

—¿Qué está pasando aquí? Le juro que sentí frío en mis mejillas. Una ligera brisa fría.

En ese momento, algo pasa por la cabeza de Tracey.

—¿Mamá? ¿Estás aquí? ¿Has sido tú? —pregunta mirando a su alrededor.

—Sí, cariño hemos sido nosotras. Tus dos madres. —responde Janet mientras ambas la miran sonrientes.

Sin embargo, Tracey no puede escucharlas.

Luego ambas se diluyen  en el aire en un segundo.

Poco después, la ambulancia llega y un médico confirma el fallecimiento de la mujer.

Tracey se pone en contacto con los  pocos conocidos de su madre para comunicarles la triste noticia.

El abuelo de Peter no puede creer que su gran amiga haya muerto y llora sin consuelo.
Cuando su nieto le confiesa confiesa el motivo de su pena,  el muchacho le abraza brindándole apoyo.

Al día siguiente, por la mañana muy temprano, Peter y su abuelo, acuden al entierro de Chon-lee-wuam.

La sonrisa ilumina el rostro del anciano al ver a Tracey.

—Peter ven conmigo, tenemos que saludar a Tracey y darle el pésame. —dice el anciano dirigiendo sus pasos hacia una mujer de larguísimo cabello dorado.

—¿A Tracey? —pregunta el joven.

El corazón de Peter en ese momento comienza a agitarse. En un instante estará frente a su amiga de infancia, la que creyó muerta, de la que se enamoró hace años y a la que nunca olvidó.

—Sí, ella. Tracey. —dice el abuelo de Peter al llegar junto a la joven.

Cuando la muchacha se gira y Peter ve su rostro.

—¿¡Tú!? —dice el joven vietnamita

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