sábado, 18 de enero de 2020

CAPÍTULO 1 : LOS ASESINADOS

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En un modesto cementerio vietnamita, una mujer y su pequeña hija dan el último adiós a Harry, el marido y padre de ambas.
Acompañándolas en tan duro y triste momento está una familia vietnamita amiga de la pareja con su pequeño hijo Peter. 

Los niños de cuatro años de edad cada uno miran con ojos curiosos, los rostros descompuestos de sus padres. Su corta edad les impide saber que es la muerte y su significado, pero intuyen que es algo malo. 

En Hanoi, en una casa construida sobre pilotes bajos, cerca de una cuenca, dedicada al cultivo de arroz, Grace Smith, es violada de manera salvaje por el jefe de su marido, fallecido días atrás. La mujer sospecha que la mano del hombre que la está vejando en ese momento es también la responsable de la extraña muerte de su esposo, que era americano, al igual que Harry y a quien adoraba.

—¡Los documentos! ¡Entregámelos! ¡Dime dónde están! —grita enfurecido ¼O volverás a saber lo que es bueno. —le dice el criminal, furioso. 

—No...no sé de que me está hablando. —balbucea la mujer aterrada. 

—¡No mienta! ¡Su marido me traicionó y lo sabe! ¡Era un maldito traidor que me pagó todo lo que hice por él, robándome! ¡Exijo que me entregue esos documentos en este mismo instante! —dice él cada vez más agresivo.

—Le repito que no sé de que me está hablando y aunque lo supiera tampoco se lo diría. Ahora máteme si quiere, ya no tengo nada por lo que vivir. —responde ella totalmente hundida.

El militar pone su pistola sobre la sien de la dama, que cierra los ojos esperando el tiro de gracia que acabe de una vez por todas con su sufrimiento. Tras unos interminables segundos, el hombre retira la pistola y mientras Grace permanece con los ojos cerrados, él se ríe a carcajadas. 

—No. Creo que el peor castigo para ti será vivir con lo que ha pasado entre nosotros. Quiero que lo recuerdes toda tu vida y sufras. —dice La Serpiente, gozando con cada instante de padecimiento de aquella pobre mujer que tiene la mirada ausente por la pena.

Lejos de allá, tras el triste entierro al estadounidense, su esposa y sus amigos regresan a su casa, típicamente china. Allá la madre de Tracey se desahoga con ellos.

—Espera un momento, Janet Papá llévate a los niños. —le pide la madre de Peter a su suegro. —Ahora ya puedes hablar con tranquilidad. —dice cuando los niños se han ido.

La viuda saca fuera toda su pena y sus amigos la dejan llorar en silencio conmovidos por el recuerdo de quien para ellos era un amigo del alma.

Días más tarde, Johnny, haciendo gala de su hipocresía y cinismo, decide rendir un homenaje póstumo al fallecido, aunque su verdadera intención es congraciarse con su viuda para que esta le entregue algo que él está buscando con desesperación. La serpiente trata de que Janet le entregue unos documentos comprometedores sin que ella sospeche realmente el significado de los mismos.
Si eso pasara sería su fin.

La mujer intuye lo que el hombre busca y no se deja engañar.

—Lo siento no puedo ayudarle. No tengo en mi poder eso que necesita. Mi marido es el único que podía saberlo y ahora está muerto.

—¿Está segura, ha mirado bien en su casa? Su marido me dijo que me los guardaría hasta que yo mismo se los pidiera. Me comentó que se los entregaría a usted para que los guardara en un lugar seguro. —miente el hombre.

Las palabras del militar le confirman a la mujer lo que ya sospecha. Esos documentos son más importantes de lo que pensaba. Su esposo le dijo que jamás debían llegar a manos de su jefe.

—Sí, estoy segura. No los tengo e ignoro donde pueden estar.

—De acuerdo, no se preocupe —dice no muy convencido de lo que la mujer le ha dicho.

Finalizado el homenaje, la mujer de Harry y sus amigos emprenden el camino de regreso a casa, cuando en la carretera son abordados por un sospechoso grupo de matones.

La madre de Tracey sospecha quien está detrás de esa emboscada y se pone de acuerdo con sus amigos vietnamitas para poner los niños a salvo de lo que pueda pasar.

—Papá, corre esconde a los niños y cuida de ellos. Nos reuniremos lo antes posible. —le pide su hijo.

—¿Por qué, qué sucede? —dice el anciano, sin comprender.

—¡No preguntes, por favor! ¡Date prisa! —le implora su nuera.

Jimmy hace lo que le piden sin saber muy bien que es lo que ocurre, pero una extraña sensación recorre todo su cuerpo y esto le intranquiliza.

—Nadie tiene porque salir herido si colabora, entregándome esos documentos. —dice Johny apareciendo detrás de un grupo de sus matones. 

—No insista más, le he dicho que ni los tengo ni sé donde están y aunque lo supiera tampoco se lo diría. —responde la norteamericana. 

Sin mediar palabra, el militar furioso dispara a Janet que fallece en el acto.

—¡Encargaos de los demás! ¡No quiero testigos! —ordena el delincuente, alejándose.

Los secuaces de La Serpiente asesinan también a los padres de Peter a sangre fría. Lo que el criminal ignora, es que hay dos testigos que han presenciado su crimen, dos testigos pequeños e inocentes que lo han visto todo podrían identificarle y enviarle a prisión por el resto de su vida. 

Johnny, al ver los cadáveres de sus víctimas se percata que en el homenaje vio seis personas, las tres que tiene a sus pies sin vida, además de dos niños y un anciano. El hombre ve moverse un matorral y da una orden a sus esbirros.

—¡Rápido, cogedlos!

—¡Vamos niños, corred por lo que más queráis!

—¿Por qué abuelo, qué pasa? —pregunta Peter extrañado.

—No preguntes y preocúpate solo por correr y no parar.

Jimmy, Peter y Tracey corren por el bosque seguidos de cerca por los secuaces del criminal a los que consiguen despistar después de un rato. Los matones del vietnamita dan por finalizada la cacería y regresan al lugar de partida al no darles alcance.

—Bueno ¿a qué esperáis? ¡Traedmelos ya! —exige el individuo.

—Lo siento mucho jefe, los hemos perdido.

—Pero ¿quién me mandará a mí trabajar con gente tan incompetente? —grita furioso. —Si hablan es mi fin y el vuestro porque no caeré solo.

—Tal vez no hayan visto nada jefe. —dice uno de sus secuaces, asustado.

—Eso espero por vuestro bien o lo lamentaréis —amenaza el delincuente encañonándole con su pistola. 

Jimmy y los niños, que llevan corriendo muchas horas, llegan a casa de Chon Lee Wuam, la hermana adoptiva de Janet. Allí el anciano le cuenta lo sucedido a la mujer con lágrimas en los ojos. 

—Pobre hermana mía. No es justo para los niños tampoco. Ahora solo nos tienen a ti y a mi. 

—Si, menos mal que al menos nos tienen a nosotros, porque sino no sé que sería de ellos. 

—Debemos abandonar Vietnam con ellos. Ese criminal no parará hasta encontrarlos ¿Qué tienes planeado, dónde piensas llevar a tu nieto?

—A América. El otro día Janet me confesó sus sospechas sobre la implicación del jefe de Harry en su muerte.

—¿Y por qué querría matarlos? —le pregunta Chon Lee Wuam.

–Porque él y un compañero de trabajo se hicieron con unos documentos comprometedores que le perjudicarían y La Serpiente se enteró. Ella quería regresar a su país para protegerse tanto a ella como a la niña pues sabía que ese hombre no tendría problemas en eliminarlas a ambas. —se sincera el abuelo de Peter.

—Ya lo recuerdo, mi hermana me mencionó algo sobre eso, temía que le pasara algo y me los entregó a mi. Lo único que sé es que Harry se quedó con una parte y su compañero con otra. Pensaron que así sería más difícil encontrarlos.

—¿Y qué pasó con ese hombre? —desea saber la hermana adoptiva de una de las víctimas.

—También murió. Estaba casado, así que supongo que su esposa los tendrá. Ahora lo más importante es huir muy lejos de aquí. Antes quiero darte algo. —dice sacando un amuleto de uno de sus bolsillos. —Esto se lo regalé a Harry cuando sus padres murieron y me hice cargo de él. Para mi era un hijo pues como tal lo crié y para mi hijo un hermano. Estos amuletos los protegerán. –le explica el anciano dándole el dragón y quedándose con el tigre. —Ambos son la mitad de uno que mi padre me regaló cuando era un muchacho. Procure que Tracey no se lo quite nunca. Ahora Peter y yo nos vamos. En cuanto estemos todos a salvo, os buscaré.

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