La enferma llora de rabia e impotencia. Sabía que su enfermedad la iría convirtiendo en un vegetal. Los médicos le advirtieron tanto a ella como a su hija que dejaría poco a poco de comunicarse con la gente de su entorno.
Pero es demasiado pronto. La vida no puede hacerle eso, no antes de que hable con su hija y esta lo sepa todo. No antes de que la chica sepa todo sobre el hombre que destrozó su vida y tampoco antes de saber quien es en realidad la mujer que ha contratado para cuidar de ella. Debe estar prevenida sobre ese hombre para que pueda protegerse mejor. Aunque aparentemente está muerto, la madre de la actriz siempre ha creído que sigue vivo. Escondido en una ratonera, un lugar donde solo él puede estar preparándose para atacar.
La enfermera trata de consolarla, mientras observa la alianza de boda que la dama lleva en una de sus manos, mientras se pregunta que habrá sido del esposo de su paciente. «¿Habrá muerto? Debe amarlo mucho aún pues todavía conserva la alianza de matrimonio».
Lejos de allá, su hija acude al cementerio a visitar la tumba de su padre, un hombre maravilloso que las llenó de amor a ella y a su madre.
En el cementerio, Meredith y su padre depositan flores sobre la tumba de la mujer que permanece enterrada allí. El hombre acaricia la lápida de su esposa, mientras unas lágrimas surcan su rostro. Su hija le toma la mano con amor. Siempre le ha conmovido el gran y profundo amor que se profesaban sus padres.
Mirando la lápida de su madre, la modelo recuerda el día que su progenitor se enteró de lo que había pasado. Quería irse con su esposa, no quería seguir viviendo sin ella. Entonces recordó que su hija, por entonces muy pequeña, le necesitaba. El asesino de su mujer debe seguir libre y eso le exaspera. Sabe que su hija lo vió todo y podría identificar a los hombres que entraron en la casa para acabar con la vida de la mujer. No quiso que Meredith les identificara.
Deseaba proteger a la niña de posibles represalias de los criminales en contra de su pequeña. Esperaría que fuera mayor de edad para que ella decidiera por si misma, si denunciarlos o no.
Ahora si la apoyaría para que denunciara lo sucedido años atrás a su madre. Aunque si ese hombre, ese maldito y sus matones siguen vivos podrían intentar hacerla callar. Y la única forma en que lograrían que se callara, sería matándola. Tiene mucho miedo de lo que pueda sucederle si lo hace, pero en esos momentos ya no podría hacer nada por impedirlo.
Lejos de allí, la mujer que tanto admira Billy, regresa a su casa bastante tarde tras un duro día de rodaje. Allá, la enfermera le informa de lo ocurrido a su madre.
—¡Pobre mamá!..Sabía que esta era una de las consecuencias de su enfermedad. No es justo que haya sucedido tan pronto.
Chon Lee Wuam intenta decirle algo, pero por más que lo intenta le resulta imposible.
—Mamá, tranquila, no te agites. —dice acariciándole el rostro con ternura.
—Señorita, siento dejarla en este momento, pero debo irme. —se disculpa Grace.
—No se preocupe, vaya a casa y descanse. Ya me encargo yo de mi madre. — responde la muchacha.
—Lo siento mucho. Debe ser muy triste para usted verla en ese estado. —se lamenta la enfermera.
—Lo es, pero tarde o temprano tenía que suceder. Voy a extrañar tanto no poder oír su voz...
Después de una hora en el cementerio, la muchacha y su padre besan la lápida de la tumba y se van. El espíritu de la madre y esposa de ambos, los ve alejarse con tristeza en el corazón. Se encuentra atrapada entre el mundo de los vivos y los muertos por la muerte tan violenta y repentina que sufrió. Además que su asesino aún no esté pagando por lo que ha hecho no la deja descansar en paz.
En cambio, lo que más le duele sin duda, es el calvario por el que han pasado y están atravesando su marido y su hija. Deben seguir adelante con sus vidas y superar su muerte pero no ha podido lograrlo.
Al llegar a casa, Grace se encuentra con una mala noticia. La mujer que le ha alquilado la casa en el que ha vivido durante los últimos años, le informa que debe abandonar la casa al día siguiente. Ya no puede esperar más para cobrar el mes de alquiler que la mujer le debe.
—Deme unos días más de plazo. Acabo de empezar a trabajar. En cuanto cobre le pagaré lo que le debo. —implora la mujer a su casera.
La enfermera siempre había pagado muy puntualmente a su casera. Últimamente atraviesa una mala racha y su casera que lo único que quiere es dinero, no se apiada de ella.
—Lo siento, pero ya la esperé demasiado. —miente
—Mañana vendrán los nuevos inquilinos. —le confiesa.
Desolada la enfermera no sabe que va a hacer a partir del día siguiente, así que decide llamar a casa de su paciente para hablar con su hija.
—Necesito que me dé unas horas libres mañana por la mañana. Tengo problemas que resolver.
—¿Qué clase de problemas?
¿La puedo ayudar? —pregunta Tracey.
—La mujer que me alquilaba la casa en la que vivo desde hace años, ha decidido echarme. Paso por una mala racha económica y le debo un mes de alquiler. Debo abandonarla mañana por la mañana.
—¿Y después de años pagando religiosamente no pudo esperar un mes? ¡Qué desconsiderada! Ahora que lo pienso, si le parece bien, puede trasladarse a vivir con nosotras aquí. Tenemos habitaciones de sobra.
Además cuando mamá se vaya me quedaré muy sola. Podríamos hacernos compañía.
—No sé que decir. Muchas gracias. Posee usted un gran corazón al ayudar a una persona a quien acaba de conocer. —responde la enfermera visiblemente emocionada.
Peter piensa en la chica que ha visto hace apenas unas horas.
—¡Es imposible! La imaginación en ocasiones nos juega malas pasadas.
Mientras tanto, en la escuela de Artes Marciales se produce una pelea.
Billy y Harry acuden con rapidez hacía el lugar del altercado.
—¡Basta ya! ¿Qué significa esto? —recrimina a sus dos alumnos.
—Este es un asunto entre él, que se jacta de ser el mejor alumno de esta escuela. —le explica a Harry, uno de los chicos que peleaba, mirando a su compañero con cara de pocos amigos. —Y yo. No tengo porque soportar que me lo restriegue en la cara, ni tampoco que se ría de mi.
—Lo digo porque es la verdad y lo demuestro cada día aquí. Me tienes envidia y por eso me atacaste. Yo solo me defendí. —responde el otro implicado en la pelea.
—¡Eso es mentira! Yo no te agredí. Fuiste tú quien me agredió a mi. —se defiende su compañero.
—¿Qué te ocurre? ¿Además de envidioso, eres mentiroso? —le dice desafiante su compañero con las manos en las caderas.
—No puedo permitir situaciones así en mí escuela. Estáis los dos expulsados. —les informa el dueño.
—¡Eso no es justo! No pueden pagar los dos por la prepotencia de uno de ellos que falta al respeto a sus compañeros, presumiendo de ser el mejor luchador de este sitio. Yo lo vi todo, Ray tiene razón. Bryan se río de él e intentó provocarle para que le agrediera, pero no lo logró. Entonces le atacó para que Ray le pegara. Lo único que quería es que le expulsaran de aquí. —le confiesa otro alumno de la escuela a Harry.
—En ese caso, vamos a solucionarlo ya. Necesito saber la verdad y lo necesito ya. —exige el dueño de todo aquello. —¿Quién ha visto de verdad lo ocurrido?
Varios muchachos hablan con él y todos dan la misma versión.
Bryan provocó a Ray, se burló de él. Le aseguró que era el mejor karateca de la escuela e intentó que su compañero le pegara para que lo expulsaran de allí. Pero como el muchacho evitó la pelea, Bryan le atizó un golpe y Ray tuvo que defenderse.
—Siendo así, Bryan, abandona este lugar para siempre. —le pide el socio de Billy muy molesto.
Furioso, el joven abandona el lugar, no sin antes amenazar a todo el mundo.
—¡Esto no quedará así. Uno a uno pagaréis esta humillación! ¡Lo juro! —amenaza Bryan. —Os destruiré. Solo sois mala hierba y la mala hierba se elimina.
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