sábado, 18 de enero de 2020

CAPÍTULO 2 :SALVANDO LA VIDA

Muchos años después, Peter no recuerda nada de lo sucedido. 

En su casa Jimmy, su  abuelo, se emociona cuando al hojear un viejo álbum de fotos ve una instantánea de Peter, Tracey, los padres de ambos y él. 

—Qué injusta es la vida a veces. De las personas que hay en esta foto tan solo quedamos, Peter y yo. —recuerda con los vidriosos por la emoción.

—¿Qué te sucede abuelo, por qué esa tristeza en tus ojos? —pregunta su nieto que llega en ese momento.

—Nada, miraba unas viejas fotos y me puse a recordar.

—¿Quiénes son abuelo? —interroga mientras se sienta y observa la foto.

—Estos son tus padres, este eres tú y estos tus tíos Harry, su esposa Janet, y su pequeña hija Tracey.

—Es la primera vez que veo una foto de mis padres, ¿por qué no me la has enseñado antes?

—Porque no es agradable ver a gente que no está aquí.

—¿Cómo murieron mis padres, abuelo?

—Ahora no deseo hablar sobre ese tema, pero algún día, cuando me encuentre con las fuerzas necesarias, te lo contaré.

—Como desees abuelo, ¿Y la otra familia, los que eran amigos de mis padres, dónde están?

—Todos muertos. Harry murió hace muchos años,días antes que tus padres y Janet que falleció junto a ellos el mismo día. La muerte que más me costó asimilar fue la de Tracey, mi dulce niña, que tenía toda la vida por delante.

—¿¡Tracey muerta!?

—Así es. —le confirma el anciano.

—Háblame de ella, abuelo. —le pide su nieto.

—Era una preciosidad de cabello rubio y ojos color miel. Heredó la belleza de su madre y la nobleza de su padre. Nacistèis el mismo día. Cuando eráis apenas unos niños estabais todo el tiempo juntos y os queríais mucho. Todo cuanto sabéis de Artes Marciales, os lo enseñé yo. La última vez que la vi tenía quince años.

—Sí, ya la recuerdo, era preciosa. Habría vuelto loco a más de uno y solo era una adolescente cuando la vi por última vez.

—Y tanto que habría vuelto loco a más de uno. Si viviera sería igual de hermosa que lo fue Janet. Tú sabes perfectamente lo que es estar loco por ella, pues así te tenía a ti. —se sincera su abuelo con Peter.

—¿De qué hablas abuelo? pregunta su nieto, sin entender.

—Conmigo no disimules, Peter. No podrías engañarme aunque lo intentaras. Te he criado desde que tenías cuatro años y sé cada cosa que te pasa y cuando te pasa. Estabáis locos el uno por el otro. No lo podíais disimular  aunque lo intentabaís con insistencia para que uno no se diera cuenta de lo que sentía el otro. Sé que cuando desapareció lo pasaste muy mal. Por eso no te dije la verdad antes. —le confiesa Jimmy a su nieto.

—Pues debiste haberlo hecho. Durante años la odié, pensando que se había marchado de aquí, sin despedirse de mi ¿Estás seguro de que está muerta? —desea saber el muchacho.

—Sí. Me lo dijeron personas de mi entera confianza, que jamás me mentirían y en quienes confío mucho. 
Sin embargo, una parte de mí, siempre se resistió a creerlo porque no he visto su cadáver, ni su amuleto tampoco. —se confiesa él anciano.

—¿Qué amuleto es ese abuelo?

—La otra mitad de ese que tú llevas en el cuello. —dice el anciano agarrando con suavidad el amuleto que su nieto siempre lleva colgado al cuello. —Le di el dragón a la hermana de su madre para que la protegiera cuando nos vimos todos por última vez. 

—No puedo creer que Tracey esté muerta ¿Pero quién querría verla muerta? —se pregunta su nieto, sin entender, ni recordar aquello que tantos años atrás él y Tracey presenciaron.

—Solo Johnny La Serpiente podría tener motivos para querer veros muertos a ambos. —sigue sincerándose el anciano.

—¿Eso por qué? —pregunta el más joven de los dos nombres. 

—En otra oportunidad, hablaré de eso contigo. Ahora no deseo seguir hablando de esto, es demasiado doloroso. —se lamenta el anciano, con los ojos anegados por las lágrimas.

Al día siguiente, el dueño y director de una prestigiosa academia de Artes Marciales del país, observa con orgullo como aquello que tanto sudor le ha costado levantar de la nada, al fin está dando sus frutos. 

Peter, por su parte, se encuentra inmerso en el rodaje de las escenas de una película sobre Artes Marciales desde hace unos días. El protagonista de la cinta interrumpe las grabaciones.

—¿Y ahora qué sucede, Robert? —se desespera el director de la película molesto. —Llevas todo el rato quejándote.

—Es este. —dice mirando con desprecio a Peter. —Está tratando de sobresalir por encima de mi, en la escena de la pelea. Si lo que quiere es quedarse con mi papel no lo va a conseguir, porque no se lo voy a permitir. —asegura con prepotencia, el actor. —Yo soy la estrella de la película, no él. Soy yo quien debe lucirse. —protesta el artista. 

—Alguien debería darle una lección de humildad. —comenta un extra amigo de Peter a otro, refiriéndose al actor.

—Sí y lo que no entiendo es porque el director le ha contratado. No solo es un ególatra, sino que además su carrera está cayendo en picado. —argumenta el chico.

—No me extraña, jamás ha sido un buen actor. Pero bueno, él verá lo que hace. Por el camino que va no conseguirá nada. —contesta su compañero.

Lejos de allá, Margot, la novia de Robert sufre en silencio por las humillaciones y vejaciones a las que el actor la somete a menudo. Desearía alejarse de él pero sabe que tarde o temprano volvería a su lado porque le ama ciegamente y eso puede ser su perdición.
Incluso sabe cosas suyas que el actor no permitirá que nadie sepa. Por ello no la dejaría tranquila nunca, si ella llegara a abandonarle.
Después de todo está más segura con él, aunque tenga que sufrir lo que está sufriendo.

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